Diez días para sacar ventaja. Ni un segundo más. Diez días para alcanzar el objetivo y no quedar condenado al llano o a jugar la promoción para mantenerse en la primera línea de la gestión. Diez días y el carnaval electoral se apagará. Ya no habrá jingles con temas populares que rompen la rutina mañanera de cualquier hogar. Tampoco el jardín, el buzón de correo o el piso del comedor tendrán que ser objeto de esa invasión de folletería, mediante el cual los candidatos -la mayoría de los casos- dicen que quieren llegar a ser intendentes, legisladores o concejales, pero pocos expresan sus ideas. Así se está desenvolviendo este último tramo de la campaña.
Tal vez la del domingo 28 sea recordada como la más onerosa y hasta la más disputada, pero no entre oficialistas y opositores, sino entre los mismos oficialistas que dicen ser los bendecidos, por un lado, y los acoplados, por el otro. Total, ambos suman al proyecto del gobernador José Alperovich.
La semana posterior a las elecciones primarias arrancó como era previsible: listas de acoplados dando batalla territorial frente a los contrincantes de turno. La apuesta ha sido muy fuerte. Hay quienes mencionan que se gastaron no menos de $ 200.000 para alcanzar el objetivo. Si es electo, puede ser que le lleve no menos de seis meses recuperar esa inversión política. La cuestión es llegar... y luego mantenerse.
El calor alperovichista invita a pensar más allá de 2015 porque, según los colaboradores del mandatario, la historia seguirá con o sin él peleando por la gobernación. Esta semana hubo algunos comentarios en la Casa de Gobierno acerca de cuánto serán los sufragios que obtendrá el oficialismo dentro de 10 días. Algunos arriesgan a poner un techo de 550.000 votos, sosteniendo la cantidad de bancas que actualmente responden al titular del Poder Ejecutivo.
La misma confianza hay respecto de la cantidad de concejales que saldrán electos en San Miguel de Tucumán. Hasta ayer se decía que estaban casi seguras 13 bancas de las 19 que hay en el Concejo Deliberante.
Nadie se atreve a aventurar cuánto será el gasto total que demandará la campaña electoral provincial. Los más cautelosos sostienen que la cifra puede superar los $ 20 millones. Pero, ante tantos acoples y tanta campaña de difusión, es posible que el monto se dispare. La política electoral suele ser como un agujero negro que todo lo atrae, lo absorbe y luego el tiempo se encarga de hacer el resto de la obra.
Alperovich aún no ha tomado partido por uno u otro acople. En cierta medida, tantas peleas le convienen porque -en suma- significarán agua para su molino, ese de la re-reelección. Cuentan que es tanta la disputa entre acoplados que hay dirigentes territoriales que prácticamente han contratado todo el servicio de transporte para el 28, de tal manera de quitarle logística al resto de sus oponentes. No obstante, todos están montados sobre el escenario que catapultó a Cristina Fernández el domingo pasado, el de un oficialismo que aspira a alcanzar el 65% de los votos de la provincia, como peor escenario.
Desde la oposición sólo hay tibias reacciones. Muchos no han podido todavía sobreponerse al resultado del domingo último. Otros tratan de despegar lo que fue el panorama nacional del meramente tucumano. La mayoría quiere hacer la diferencia con el voto de la clase media al que los expertos consideran como el más oscilante porque un día puede sufragar por mantener el estatus quo y al siguiente con el golpe que una gestión le dio a su bolsillo. El ruido electoral continuará. Seguirá el bombardeo proselitista a la espera de establecer quiénes se acoplarán a los reclamos irresueltos que demanda la sociedad.
Tal vez la del domingo 28 sea recordada como la más onerosa y hasta la más disputada, pero no entre oficialistas y opositores, sino entre los mismos oficialistas que dicen ser los bendecidos, por un lado, y los acoplados, por el otro. Total, ambos suman al proyecto del gobernador José Alperovich.
La semana posterior a las elecciones primarias arrancó como era previsible: listas de acoplados dando batalla territorial frente a los contrincantes de turno. La apuesta ha sido muy fuerte. Hay quienes mencionan que se gastaron no menos de $ 200.000 para alcanzar el objetivo. Si es electo, puede ser que le lleve no menos de seis meses recuperar esa inversión política. La cuestión es llegar... y luego mantenerse.
El calor alperovichista invita a pensar más allá de 2015 porque, según los colaboradores del mandatario, la historia seguirá con o sin él peleando por la gobernación. Esta semana hubo algunos comentarios en la Casa de Gobierno acerca de cuánto serán los sufragios que obtendrá el oficialismo dentro de 10 días. Algunos arriesgan a poner un techo de 550.000 votos, sosteniendo la cantidad de bancas que actualmente responden al titular del Poder Ejecutivo.
La misma confianza hay respecto de la cantidad de concejales que saldrán electos en San Miguel de Tucumán. Hasta ayer se decía que estaban casi seguras 13 bancas de las 19 que hay en el Concejo Deliberante.
Nadie se atreve a aventurar cuánto será el gasto total que demandará la campaña electoral provincial. Los más cautelosos sostienen que la cifra puede superar los $ 20 millones. Pero, ante tantos acoples y tanta campaña de difusión, es posible que el monto se dispare. La política electoral suele ser como un agujero negro que todo lo atrae, lo absorbe y luego el tiempo se encarga de hacer el resto de la obra.
Alperovich aún no ha tomado partido por uno u otro acople. En cierta medida, tantas peleas le convienen porque -en suma- significarán agua para su molino, ese de la re-reelección. Cuentan que es tanta la disputa entre acoplados que hay dirigentes territoriales que prácticamente han contratado todo el servicio de transporte para el 28, de tal manera de quitarle logística al resto de sus oponentes. No obstante, todos están montados sobre el escenario que catapultó a Cristina Fernández el domingo pasado, el de un oficialismo que aspira a alcanzar el 65% de los votos de la provincia, como peor escenario.
Desde la oposición sólo hay tibias reacciones. Muchos no han podido todavía sobreponerse al resultado del domingo último. Otros tratan de despegar lo que fue el panorama nacional del meramente tucumano. La mayoría quiere hacer la diferencia con el voto de la clase media al que los expertos consideran como el más oscilante porque un día puede sufragar por mantener el estatus quo y al siguiente con el golpe que una gestión le dio a su bolsillo. El ruido electoral continuará. Seguirá el bombardeo proselitista a la espera de establecer quiénes se acoplarán a los reclamos irresueltos que demanda la sociedad.